Pregunta para Cortes de Aragón

De no ser por mi insistencia, probablemente me hubieran detectado el cáncer de mama demasiado tarde, ¿cuándo van a entender que el cáncer no entiende de edad?

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María López Pregunta de María López

Mi nombre es María López, tengo 30 años y he sido diagnosticada de un carcinoma ductal infiltrante en plena pandemia.

En febrero, estando en Zaragoza de visita, una noche después de ducharme, mi pareja me advirtió que tenía una especie de cicatriz en el pecho. Efectivamente, cuando me toqué, vi que tenía una retracción cerca del pezón. Esa misma noche acudí a urgencias, y la ginecóloga que me atendió me dijo que no le diera importancia, que probablemente fuera una cuestión de musculatura. Le expliqué que tenía antecedentes familiares, que mi abuela falleció de cáncer de mama a los 35 años, pero insistía en que yo no tenía nada. Lo único que me dijo es que si estaba preocupada acudiera a mi médica de cabecera.

Yo estaba convencida de que tenía algo, y cuando volví a mi residencia en Barbastro (Huesca) acudí a mi médica de cabecera, y ella me mandó una mamografía preferente. La cuestión es que todo esto coincidió con el inicio de la pandemia en marzo y, justo un día antes, me la echaron para atrás.

Ya con la pandemia encima, yo que soy enfermera, fui destinada a la UCI de Covid-19, y allí estuve trabajando la mayor parte del tiempo. Estaba muy preocupada, porque una retracción en el pecho es señal inequívoca de cáncer, y una compañera del hospital que había pasado por un cáncer de mama me recomendó que me acercara a rayos a pedir urgentemente que me hicieran una mamografía. Así lo hice, pero me dijeron que no era posible hasta pasados unos meses.

Desde que me encontré aquella retracción en febrero pasaron cuatro meses hasta que, finalmente, me hicieran la mamografía. Me habían visto algo, pero quisieron completar el diagnóstico con una ecografía. Como yo trabajo en un hospital, estuve en contacto continuo con médicos que me decían que no me preocupara, que no tenía por qué ser nada malo, pero cuando llegó el día de la ecografía ya sí me vieron un bulto que tenía pinta de ser maligno. Me dijeron que, igualmente, era pequeño, y que iban a hacerme una biopsia.

Coincidió con mis vacaciones de verano y me volví a mi tierra natal, Lebrija (Sevilla), y fue entonces cuando me llamaron y me dijeron que lo que tenía era cáncer. Corriendo me volví a Barbastro para ser intervenida en una operación en la que, inicialmente, iban a cortarme el pecho entero, pero que al final se resolvió con una cirugía conservadora con arpón.

La operación salió bien, tanto que me dijeron que no sería necesario dar quimioterapia, solo algunas sesiones de radio. Esto al final resultó que dependía de una prueba llamada Oncotype, según la cual mandaban la genética del tumor a EEUU para corroborar si, efectivamente, la quimio no era necesaria. Fueron 10 días de espera horribles que resultaron positivos, ya que, puntual a lo que me dijo el oncólogo, al que hizo el décimo día el teléfono me sonó a las ocho en punto de la mañana para comunicarme que con radio sería suficiente.

Después de darme 15 sesiones de radio durante tres semanas, en septiembre concluí con esa parte de la pesadilla que me ha acompañado este año. En la actualidad estoy tomando Tamoxifeno, una pastilla que, pese a sus efectos secundarios, tengo que mantener al menos durante 5 años más.

No hago más que preguntarme qué habría pasado si yo le hubiera echado cuenta a la primera ginecóloga que me atendió en Zaragoza, qué habría sido de mí, de mi cáncer y, sobre todo, de mi vida. Una retracción en el pecho no es ninguna tontería, de hecho es uno de los síntomas más significativos que indican cáncer; por más joven que yo sea, por más joven que sea cualquier persona que acuda al médico con este tipo de síntomas, hay que atenderla y hacerle las pruebas pertinentes.

 La detección precoz del cáncer es crucial para su supervivencia, y los médicos tienen el papel más importante en este aspecto.

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