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¿Cuándo dejarán de importar naranjas de países como Sudáfrica y apostarán por las naranjas valencianas, para proteger así a los agricultores locales?

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Desde la Unió de Llauradors i Ramaders, nos dirigimos al Parlamento Europeo para denunciar las consecuencias negativas que provoca la importación de cítricos procedentes de países terceros y exigir cambios y medidas que protejan a los agricultores locales. 

España es el rey de las naranjas en la Unión Europea, y la Comunidad Valenciana la principal región citrícola a nivel nacional. Sin embargo, si nos fijamos en el origen de las naranjas que nos encontramos en el supermercado, veremos que son procedentes de países como Sudáfrica, Argentina o Marruecos. En la última década, la UE ha estado firmado acuerdos internacionales destinados a fomentar el intercambio comercial entre países e incentivar la economía de los países en desarrollo. Después del acuerdo firmado en 2016 entre Sudáfrica y la UE, la importación de naranjas procedentes de Sudáfrica ha aumentado exponencialmente, provocando consecuencias devastadoras para los productores nacionales. 

Las tierras en Sudáfrica pertenecen a grandes corporaciones y explotaciones agrícolas europeas que desplazan su producción a países terceros para tener una mano de obra más barata y obviar los parámetros de producción que impone la UE. A los productores europeos se nos exige una serie de parámetros y se nos prohíben ciertos pesticidas (que pueden causar problemas en nuestra salud o en el medio ambiente) que en las producciones de países terceros sí están permitidas, utilizando 62 materias activas de pesticida prohibidas en la UE. Estas facilidades, junto a la mano de obra barata y pocos controles en la exportación, hacen que su producto tenga un precio más bajo contra el que no podemos competir y nos situa en desventaja.

Sin embargo, las naranjas de Sudáfrica no pasan ningún control de calidad, y son enviadas masivamente a Europa, en concreto a puertos como en de Ámsterdam, donde los controles son poco exigentes. Cuando desde Europa queremos exportar, el proceso es mucho más exigente, sometiendo al producto a un tratamiento en frío durante varios días para eliminar cualquier parásito, además de pasar unos controles sanitarios muy exigentes.  

A falta de controles de calidad, nos hemos encontrado con muchas plagas que han perjudicado gravemente nuestras cosechas. Una de estas plagas es la llamada “El Cotonet de Sudáfrica” que lleva 11 años afectando en Valencia, provocando pérdidas de 130 millones de euros y expandiéndose. La unión Europea mira a otro lado y no hace nada para ayudar a reparar los daños.    

La producción anual de la comunidad valenciana da para abastecer a toda la Unión Europea, pero esta sigue fomentando la importación. Con la aprobación del “Green Deal” europeo, la UE se comprometía a ser un lugar más verde y sostenible, pero esto se queda en el papel, ya que las acciones son contradictorias. No es sostenible importar los productos si tenemos una de las mejores producciones citrícolas aquí.   

Parece que UE se mueve por los intereses comerciales y no protege al comercio local. Los productores valencianos estamos sufriendo las consecuencias, y las grandes corporaciones se están lucrando de esta situación. Se posicionan en el mercado con unos precios más bajos, exportando fácilmente y en masa, y como consecuencia anulando a los pequeños agricultores. Muchas veces no podemos vender todo lo que queremos y se desperdician toneladas de productos o tierras.   

Ante esta situación, y viendo las consecuencias que ha provocado la pandemia del COVID-19, desde la Unió de Llauradors i Ramaders exigimos que en la Unión Europea se fomente la producción agrícola local y que se deje de facilitar la importación de países terceros.  

 

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