Pregunta para Asamblea de Madrid

7.291 ancianos murieron en residencias madrileñas durante el Covid por el “Protocolo de la Vergüenza” impidiendo derivar a dependientes a los hospitales ¿Cuándo se hará justicia? Quieren que olvidemos este genocidio de residentes, el asesinato de mi madre

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Susana Paya Gaitán Pregunta de Susana Paya Gaitán

Ella se llamaba Pilar, mi madre, una que mujer que había luchado durante su vida siendo ejemplo para toda su familia. Y tanto ella, como 38 compañeros de su residencia, y otras 7.252 personas dependientes de la Comunidad de Madrid, no tuvieron ni la más mínima oportunidad de vida durante la pandemia, porque desde la institución madrileña se dio la orden a hospitales y médicos de residencias de que “los dependientes no podían ser trasladados a urgencias hospitalarias”, el maldito “Protocolo de la vergüenza”, al que se sumó el desabastecimiento de material sanitario y personal médico en las residencias. 

Como consecuencia, los residentes quedaron desamparados y aislados porque el personal que les atendía solo contaba con gel hidroalcohólico para evitar contagios, lo que provocó que la atención hacia ellos fuese inexistente:

  • Aislamiento en las habitaciones durante horas
  • Cambios de pañal cada 12 horas provocando irritaciones en sus genitales
  • Esperas de 4 horas para recibir un vaso de agua
  • Dependientes que necesitaban ser cambiados de postura y que acababan con el cuerpo lleno de llagas
  • Alimentados con comida `basura´ que no les alimentaba
  • Y muertes en soledad y en circunstancias desconocidas

Por todo esto, y porque se les negó el derecho a una atención médica que les había podido salvar la vida, mi madre y miles de personas dependientes murieron por un protocolo que supuso el genocidio de 7.291 personas, solo en la Comunidad de Madrid, sin que a día de hoy existan responsables que hayan sido juzgados y estén pagando por ello. 

Y este es el principal motivo por el que inicio esta petición. Es INDIGNANTE, que después de 4 años esperando una sentencia, presentada por acusación particular, con numerosas pruebas, para que la muerte de mi madre no quedase impune y sirviese de ejemplo de lucha para muchas otras familias, esta haya sido archivada sin más. Sin haber tenido en cuenta toda la documentación presentada, y sin llamar a ninguno de los testigos propuestos como el de una residente, en pleno uso de sus facultades, que vivió el descontrol y desatención de la residencia en primera persona y que no ha sido solicitada a declarar. 

La jueza tampoco ha tenido en cuenta las grabaciones telefónicas en las que una doctora de la residencia reconocía que por mandato de la Comunidad de Madrid no se podían derivar a los dependientes, ni las imágenes en las que se podían ver las consecuencias físicas que sufrían los residentes por el abandono que estaban padeciendo, así como mis llamadas y correos pidiendo auxilio al ver a  mi madre, en una videollamada, estaba con insuficiencia respiratoria severa, muriendo, y nadie me hacía caso para sacarla de allí. No fue ninguna ambulancia a socorrerla para que fuese atendida hospitalariamente como un ser humano más, una persona a la que los médicos deben darle la oportunidad de salvar su vida. 

A los dos días de esa comunicación, el 8 de abril, mi madre falleció de madrugada sola. No quiero ni imaginarme en qué circunstancias, pero su muerte no se certificó hasta la mañana cuando entró la doctora a trabajar, por lo que se muestra claramente que nadie atendía medicamente a todas esas personas a las que se estaba dejando morir. 

Aunque tenga que lucharlo sola, cambiar de abogado, sacar esta denuncia fuera del país, no voy a parar porque mi madre no hubiese cesado hasta conseguir que se hiciese justicia. 

No sé qué se esconde detrás de esta archivación del caso cuando se han presentado tantas pruebas, qué intereses están haciendo que tantas familias se vean obligadas a olvidar a sus muertos porque están cansados de luchar contra Goliat. 

Lo que yo tengo claro es que ni perdono, ni olvido. El sufrimiento de esos días y la muerte de mi madre me han afectado mucho psicológicamente, y lo sigue haciendo en la actualidad, porque me duele tener la sensación de que no estoy pudiendo hacer nada por ella, por su memoria y eso es muy doloroso. 

Asi que me agarro con todas mis fuerzas a su recuerdo, sigo adelante a pesar de todas las adversidades con el apoyo incondicional de mi familia, porque la abuela Pilar Gaitán fue mucha mujer y su ida, como la de miles de dependientes más, no puede quedar impune. 

 

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