Pregunta para Junta General del Principado de Asturias

Las vacaciones escolares no deben significar un parón en la rehabilitación de niños y niñas con necesidades especiales. ¿Dónde quedan sus derechos cuando los colegios cierran?

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Mamá de Aitana Pregunta de Mamá de Aitana

Aitana es una niña que celebra cada pequeño logro con una sonrisa enorme. Detrás de cada paso que da, de cada movimiento que consigue controlar mejor o de cada palabra que logra expresar con más facilidad, hay meses de esfuerzo, constancia y el trabajo conjunto de su familia y de los profesionales que la acompañan. Para quienes la queremos, esos avances no son algo pequeño: son la diferencia entre ganar autonomía o perder capacidades que tanto ha costado desarrollar.

Durante el curso escolar, Aitana recibe varias sesiones semanales de fisioterapia y de  audición y lenguaje dentro del colegio. Son terapias que forman parte de su desarrollo y que no pueden entenderse como una actividad extraescolar. Sin embargo, basta con que tenga que ausentarse unos días por una revisión médica o por encontrarse enferma para perder todas esas sesiones, sin posibilidad de recuperarlas. Si falta de martes a jueves, desaparecen de golpe sus tres sesiones, y eso en un calendario con apenas 165 días lectivos, cada sesión cuenta.

Entendemos que en agosto haya un periodo de descanso, pero resulta difícil comprender por qué durante tantos días del verano desaparecen unos apoyos que son esenciales para su evolución. La rehabilitación no puede ponerse en pausa durante semanas sin consecuencias. Lo que se deja de trabajar hoy puede convertirse mañana en un retroceso que obligue a empezar de nuevo.

La respuesta que recibimos las familias suele ser siempre la misma: buscar terapias privadas. Pero esa no es una solución real. Muchas familias ya hacemos un enorme esfuerzo económico para complementar la atención que reciben nuestros hijos fuera del horario escolar. Asumir todavía más sesiones durante las vacaciones, supone una carga que no todos podemos afrontar, y que nos causa preocupación e impotencia

No es solo el miedo a no avanzar, sino de la sensación de que el sistema nos obliga a elegir entre el bienestar de nuestros hijos y la estabilidad económica del hogar. Mientras otros niños disfrutan de un verano sin preocupaciones, muchas familias vivimos esos meses intentando evitar que todo el trabajo realizado durante el curso se pierda.

La rehabilitación de muchos niños y niñas depende casi por completo del calendario escolar, como si sus necesidades desaparecieran cuando cierran las aulas. No existen suficientes alternativas desde la sanidad pública ni recursos específicos que garanticen la continuidad de unas terapias que son fundamentales para su desarrollo. Seguimos dejando en manos de las familias una responsabilidad que corresponde a las administraciones.

Nuestros hijos e hijas no necesitan compasión. Necesitan que se respeten sus derechos y que las oportunidades no dependan del mes del año en el que estén. Son niños con ganas de aprender, de jugar, de relacionarse y de seguir conquistando pequeñas metas cada día. Merecen que el esfuerzo que realizan durante todo el curso tenga continuidad.

Por eso pedimos que las administraciones garanticen alternativas de rehabilitación durante los periodos no lectivos, ya sea a través de profesionales de la sanidad pública o habilitando espacios donde los equipos educativos puedan continuar con las terapias. 

Porque la inclusión también se construye en verano. Ayúdanos con tu apoyo a dar visibilidad a esta realidad, y conseguir que ningún niño frene su desarrollo simplemente porque el calendario escolar ha llegado a su fin.

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Pregunta dirigida a: Junta General del Principado de Asturias

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