Pregunta paraCortes de Castilla y León

Mi hijo Sergio padece TOC, un trastorno mental cuyo tratamiento ha destrozado su vida. ¿Cuándo se invertirá en investigación para tratar las enfermedades mentales, y se visibilizarán para romper prejuicios?

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Mi nombre es Juan Francisco, resido en Castilla y León y llevo toda la vida luchando por la salud de mi hijo. Sergio tiene 24 años y padece Trastorno Obsesivo Compulsivo, una enfermedad que le ha afectado en todas las áreas de su vida. Considero que la situación actual de las personas con trastornos mentales es muy grave: están rodeadas de prejuicios y no hay métodos para mejorar su calidad de vida. Quiero compartir nuestra historia para visibilizar esta enfermedad y reivindicar los derechos de las personas que la padecen.

Mi mujer padece TOC desde muy temprana edad. Durante el embarazo de Sergio todo transcurrió con normalidad, así como su infancia. Pero todo cambió en su adolescencia, cuando empezó a desarrollar el TOC. Esta es una de las cinco enfermedades psiquiátricas más frecuentes y está considerada por la OMS como una de las 20 enfermedades más incapacitantes.

Desde que enfermó ha sido un peregrinar y luchar de médico en médico. Transcurrió un tiempo hasta que Sergio recibió el diagnostico de este trastorno.  Los psiquiatras le dieron muchas etiquetas y probaron todo tipo de medicación con él, que por desconocimiento no era la adecuada. 

Después de tanta medicación, mi hijo ha ido muriendo lentamente. Los efectos secundarios le incapacitaban hablar u andar, le provocaron episodios de epilepsia y además lo anularon como persona. Sergio ya no volvió a ser el de antes después de estos tratamientos. Ha tenido cinco intentos de suicidio (algunos llegando al estado de coma), tuvo que dejar sus estudios y su vida social se esfumó. 

También pasó por varios ingresos a psiquiátricos, durante largos periodos de tiempo. En esas unidades no existe ninguna terapia ni entretenimiento, se levantan y esperan a que acabe el día hasta la noche. Es como si quisieran anularlos como personas, encerrándolos como animales. Sergio ha salido de esos centros mucho peor de lo que ha entrado. Hay muchos psiquiatras que les da completamente igual la vida de estas personas, no hacen nada para ayudarnos.

Peleamos y luchamos, hasta que llegamos a una joven psiquiatra, que nos ofreció un tratamiento avanzado que se hace en Europa con el TOC, basándose tan solo en una pastilla. Poco a poco empezó a mejorar. 

Investigando por mi cuenta, encontré una intervención que podía ayudar a Sergio: una psicocirugía que se hacía en algunos Hospitales de España. Reuní toda la documentación necesaria para que operaran a Sergio y, después de esperar eternamente y con la ayuda de un conocido, nos derivaron al Hospital Princesa de Madrid. Pronto hará un año que le operaron. La operación duró 7 horas y le implantaron un neuroestimulador en el pecho, que da impulsos que se encargan de normalizar la actividad cerebral. Todavía no le ha hecho efecto. Sergio sigue teniendo sus crisis e intentos de suicidio y no quiere tomarse los medicamentos.

A pesar de la situación, Sergio quiere rehacer su vida. Es extremadamente inteligente y le gustan mucho los idiomas. De hecho, está estudiando Japonés en la universidad y ahora mismo se dedica a ello. 

Como padre, ver como un hijo se consume es muy duro. Y más lo es saber que vivimos en una sociedad en que el trato hacia los enfermos mentales es nefasto, aproximándose más al trato animal que humano. Estas personas tienen el derecho a tener una vida digna y a ser tratados como se merecen. Hay que tener personal sanitario comprometido y preparado específicamente para este problema, además de invertir más recursos en la investigación para el tratamiento del TOC. 

Por otra parte, es necesario hacer un trabajo de concienciación para romper prejuicios y estigmas hacia las personas con trastornos mentales. A día de hoy, las enfermedades mentales se esconden, no se habla de la cantidad de suicidios que hay en España anualmente. Debemos luchar para dar visibilidad, y lograr que las personas como Sergio sientan incluidas en nuestra sociedad y puedan hacer una vida normal. 

Por este motivo, siendo de León, me dirijo a los Políticos de las Cortes de Castilla y León para que conozcan nuestro caso, y se impliquen en mejorar la calidad de vida de las personas que, como Sergio, padecen trastornos mentales. 

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