Pregunta para Cortes de Castilla-La Mancha

Un accidente de tráfico me provocó una lesión medular. Desde entonces, soy más consciente de las dificultades que se imponen a la movilidad reducida por falta de empatía. Escaleras, bordillos… ¿qué medidas se están tomando para mejorar la accesibilidad?

4 pertsonak babestu dute
4 de500 Apoyos
Iván Serrano Pregunta de Iván Serrano

Se dice que en un solo segundo tu vida puede cambiar, y la verdad, no se es consciente de ello hasta que ese segundo se presenta sin avisar. Yo era taxista, conducía haciendo mi ruta, y sin saber muy bien el por qué, el coche acabó dando varias vueltas de campana provocándome una lesión medular. Un milagro, porque a fin de cuentas, con mucho trabajo, llevo una vida prácticamente normal. Sin embargo, cuando me canso mucho, necesito hacer uso de la silla de ruedas, y ver la realidad desde esa perspectiva, me ha hecho darme cuenta de la falta de accesibilidad que existe en muchos sectores, y motivo por el que lanzo esta petición

Desde que viví esta situación he comprendido algo muy claro: moverse por la calle cuando se tiene movilidad reducida no debería ser una carrera de obstáculos con bordillos imposibles que obligan a desviarse cientos de metros, dobles alturas totalmente innecesarias o escaleras que podrían ser reemplazadas por rampas para facilitar el acceso hacia una mayor inclusión social, y por tanto mejorar la autonomía personal. 

El poder salir a la calle y desplazarse solo, entrar en un comercio sin necesidad de ayuda, quedar con amigos sin depender de nadie, e incluso vivir en un hogar adaptado a tus necesidades, son sinónimo de dignidad y en libertad, y eso es de lo que se carece cuando no se ofrecen casi ayudas ni financiación para la adaptación de viviendas, o material ortopédico imprescindible para facilitar la accesibilidad de una persona con una discapacidad. 

Damos por hecho que desplazarse, correr, caminar… es algo básico, innato al ser humano... y sin embargo no se le da el valor que tiene hasta que se pierde. 

Antes de mi accidente, yo trabajaba como taxista. Muchas de las personas que subían a mi vehículo con silla de ruedas, eran personas mayores que accedían por la rampa. En aquel momento yo no sabía realmente lo que implicaba vivir con una discapacidad, y mucho menos con una lesión medular. La médula espinal es la que lleva las órdenes del cerebro al resto del cuerpo, así que cuando se daña, se alteran muchas funciones tan básicas como la sensibilidad o el respirar.

Además de conductor, yo estudiaba las oposiciones para la Guardia Civil. Con 29 años me había quedado a las puertas de conseguir plaza, solo a dos flexiones de lograrlo. Y en diciembre todo cambió.

Recuerdo coger el coche para hacer la ruta. En algún momento me salí de la carretera. Al principio pensé que se me había cruzado un animal, pero lo cierto es que no recuerdo exactamente lo que pasó, aunque sí las tres vueltas de campana que di. Sentí una especie de descarga eléctrica recorriéndome el cuerpo, y lo primero que me preocupó fue el coche, porque quedó completamente destrozado, hasta que enseguida me di cuenta que sentía las piernas, pero no podía moverlas.

A partir de ahí empezó lo que yo considero una cadena de milagros. Detrás de mí circulaba una enfermera que pudo ayudarme en los primeros momentos. Después llegaron los bomberos, uno de ellos era amigo mío. Habíamos trabajado juntos en la empresa de taxis, así que conocía perfectamente la furgoneta y sabía cómo bajar manualmente la rampa. Eso facilitó mucho el poder sacarme del vehículo por el maletero.

Luego vino el helicóptero que me trasladó al hospital, y la pregunta eterna que hice durante todo el trayecto: ¿podré volver a andar?

El equipo médico vio muy probable el diagnóstico de lesión medular, y cuando a mis padres les dijeron que podía quedar tetrapléjico, se les cayó el mundo encima.

Tras la intervención pasé seis días en la UCI. Apenas podía moverme, solo algo los brazos. Pero poco a poco las piernas también comenzaron a reaccionar, y ahí se fue haciendo el milagro junto a los 7 meses de trabajo continuado en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Allí no solo tuve un aprendizaje físico, sino también psicológico

No sabía cómo iba a quedar ni cómo iba a ser mi vida. Lo que más pensaba era en la situación en la que iba a dejar a mis padres y a mi familia, en que quizá tendrían que ocuparse de mí. Fue un proceso de incertidumbre, de duelo, una lucha mental contigo mismo, en el que solo puedes avanzas si aceptas lo que te ha pasado y decides seguir adelante con esperanza. 

Con el tiempo empecé a mejorar, y aunque me quedan secuelas, gracias a Dios, y a todas las personas que me ayudaron, pasé de la silla de ruedas al andador, del andador a las muletas y a día de hoy puedo caminar de forma independiente.

Tener una discapacidad no significa que la vida se acabe. Puedes seguir haciendo muchas cosas. En mi caso, no puedo correr, pero puedo jugar al tenis de mesa o al bádminton y disfrutar de la vida de otras maneras.

Además, no me gusta que me vean como un ejemplo de superación, porque yo también he tenido momentos muy duros, hirientes, y no siempre consigo ser fuerte. Por ello no me considero un héroe, ya que la realidad, es que cualquier persona que pasa por una situación similar, lucha cada día por mejorar y salir adelante. 

Al final te das cuenta de que la verdadera felicidad es estar sano, compartir tiempo con tu familia y ser independiente, y eso puede conseguirse con más accesibilidad en calles y establecimientos, más ayudas para la adaptación viviendas y financiación para quienes necesiten de material ortopédico.

Así, para que la discapacidad se pueda vivir con mayor autonomía y dignidad, ¿me ayudas a ser escuchado con tu apoyo y difusión a esta petición? Gracias.

4 pertsonak babestu dute
4 de500 Apoyos