Pregunta para Parlamento de Andalucía
Una educación inclusiva debe garantizar que cada niño tiene la oportunidad de crecer, aprender y desarrollarse en un entorno respetuoso. Por una educación que se adapte a los niños y no a la inversa
Soy la madre de Marcos y Mario. Nuestra historia es la de una familia que, tras años buscando un lugar donde nuestros hijos pudieran aprender y crecer de forma respetuosa, descubrió que el sistema educativo actual no siempre ofrece respuestas para todos los niños.
Mis hijos, diagnosticados con TEA, estuvieron escolarizados en un colegio ordinario y, más tarde, en una pequeña escuela rural de Huelva con apenas 14 alumnos. Pensábamos que un entorno más reducido sería la solución, pero seguían existiendo las mismas exigencias: una forma de aprendizaje que no se adaptaba a sus necesidades. He visto a mis hijos sufrir intentando encajar en un sistema que no estaba pensado para ellos.
Esta situación nos llevó a replantearnos nuestra vida por completo. Decidimos comenzar una nueva etapa. Después de estar dos años viviendo en nuestra autocaravana, actualmente vivimos en una casa y hemos adoptado una forma de vida más sencilla y conectada con las necesidades de nuestros hijos. Conservamos nuestra autocaravana, que utilizamos para viajar en familia y seguir aprendiendo a través de las experiencias que encontramos en el camino.
Con el tiempo comprendimos algo fundamental: cuando escuchamos de verdad a los niños y respetamos sus ritmos, capacidades e intereses, aparecen nuevas formas de aprender. Cada uno de mis hijos avanza de manera diferente. Sin embargo, ambos aprenden, crecen y desarrollan sus talentos cuando se les permite hacerlo a su manera. Uno de ellos incluso ha comenzado a escribir un libro y a crear su propio canal, demostrando que la motivación y el aprendizaje pueden surgir de forma natural cuando existe libertad.
También descubrió por sí mismo su pasión por la música. Desde muy pequeño observábamos que tenía una sensibilidad especial y una gran facilidad para los instrumentos, pero en el colegio nunca se fomentó ni desarrolló esa capacidad. Fue él quien, antes incluso de recibir formación, empezó a identificar y reproducir notas de manera intuitiva al hacerse mayor. Esta experiencia nos confirmó la importancia de observar a los niños en su día a día y apoyar aquello que realmente les interesa, porque cuando se respetan sus inclinaciones naturales pueden desarrollar habilidades extraordinarias.
Fruto de esta experiencia escribí el libro Los príncipes del Aut-ismo, en el que comparto nuestro recorrido como familia, las dificultades encontradas y la necesidad de abrir nuevas vías educativas para muchos niños que hoy no encuentran su lugar dentro del sistema tradicional.
Por todo ello, pedimos que se impulsen, reconozcan y apoyen las escuelas libres y otros modelos educativos alternativos que respondan a las diferentes necesidades de la infancia. Creemos en una educación basada en el respeto, la escucha y la libertad de aprendizaje, donde cada niño pueda desarrollar sus capacidades siguiendo sus propios intereses y ritmos, sin verse obligado a encajar en un único modelo.
No todos los niños aprenden de la misma manera. Una educación verdaderamente inclusiva debe ofrecer opciones reales para todas las familias y garantizar que cada niño tenga la oportunidad de crecer, aprender y desarrollarse en un entorno que respete quién es.