Pregunta para Congreso de los diputados

Miguel Ángel murió por un tumor cerebral que no se diagnosticó. Es imprescindible que se revisen los protocolos y que se mejore la inversión que se destina tanto al refuerzo de la sanidad para garantizar su correcto funcionamiento, como a la investigación

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Ana Belén Cuenca Pregunta de Ana Belén Cuenca

Me llamo Ana y vivo en Castilla-La Mancha. Hace seis años mi hijo Miguel Ángel murió una noche sin saber qué le pasaba. Cuando estaba a punto de cumplir ocho años, Miguel Ángel se empezó a quejar de dolores de cabeza. Consideré que los episodios en cuestión se repetían muy a menudo y decidí llevarle al centro de salud para que la pediatra le visitara. Nos dieron un diagnóstico de migraña y nos recomendaron observación y antiinflamatorios. Como con el paso de los días no mejoraba, decidí volver yo sola con la pediatra, para trasladarle otros síntomas que había observado en mi hijo y que me preocupaban. Le expliqué que Miguel Ángel, además de dolor de cabeza persistente, había empezado a vomitar por las mañanas, se quejaba de dolor en las piernas y en la zona del cuello y se despertaba y sudaba mucho por las noches. Insistieron en la migraña, pero esta vez me indicaron que a lo mejor mi hijo tenía algún problema en el colegio o en algún otro espacio que le afectaba anímicamente y que el estado psicológico podía derivar a síntomas como los que padecía él. Acudí al colegio para preguntar, y me confirmaron que Miguel Ángel no tenía ningún problema allí. También pedí cita con el psicólogo mediante la Seguridad Social, pero nunca nos llamaron para visitarnos.

También acudimos al hospital en tres ocasiones. Las dos primeras veces le suministraron antiinflamatorio por vía intravenosa y la última vez le ingresaron. El día en cuestión, fui a recogerle al colegio porque me llamaron y me explicaron que había estado vomitando toda la mañana. Estaba muy débil y adormilado. Cuando le vieron en el hospital decidieron ingresarlo para, según me indicaron, hacerle pruebas. Él seguía lidiando con los síntomas que había empezado a padecer dos meses atrás y que se habían agudizado. Llegó un momento en el que me percaté de que lo estaba pasando realmente mal y que empezaba a hablar sin sentido. Entonces pedí que le suministraran algún tipo de calmante para que pudiera descansar. A partir de este momento, una de las veces que me arrimé en la cama, constaté que Miguel Ángel no respiraba. Había fallecido. Fue muy duro, sabía que a mi hijo le pasaba algo, llevábamos dos meses pidiendo ayuda y no nos habían hecho caso. Pedí la autopsia, porque quería saber qué había pasado. Finalmente, el informe forense indicó que mi hijo tenía un tumor cerebral canceroso que medía 5 x 6 cm. La masa cancerígena ya no tenía espacio suficiente para crecer y provocó una presión craneoencefálica, esta fue la causa de la muerte.

Con el informe forense empezó la lucha. Nos merecíamos un diagnóstico, Miguel Ángel murió sin ninguna prueba. Nada. ¿Por qué invertimos tanto dinero en la sanidad pública si esto pasa y nos da la sensación de que pasa cada vez más? Lo más importante para hacer frente a un cáncer con un pronóstico u otro es la detección temprana y nosotros no tuvimos la oportunidad. No lo sé, pero a lo mejor un diagnóstico cuando mi hijo todavía vivía nos habría permitido luchar. Considero que es imprescindible que se revisen los protocolos de actuación, así como es fundamental que se refuerce la inversión económica que se destina a la sanidad pública y que se gestione de forma coherente. Hay que garantizar, siempre, una atención completa y personalizada.

Busqué abogados especializados en casos similares y a un perito forense que han trabajado mucho durante seis años. Denunciamos al Servicio de Salud de Castilla-La Mancha y les condenaron por negligencia médica. Tuvimos que recurrir la primera sentencia porque nos rebajaron en un 50% aproximadamente la indemnización, pero la justicia nos volvió a dar la razón. Este proceso me dio, como mínimo, la satisfacción de poder confirmar que no se actuó como se debía. No me devolverán a mi hijo, pero acciones como esta seguramente ayudarán para evitar que se repitan algunos patrones erróneos en el futuro.

No sé qué tipología de tumor afectó a Miguel Ángel; no lo pudieron identificar. Lo que sí que me explicaron es que el cáncer se encontraba en estadio IV y que no había hecho metástasis. Es imprescindible que, además de todo lo presentado, se mejore la inversión que se destina a la investigación del cáncer; es otra de las patas que harán, en un futuro, que no se repitan procesos como el nuestro. Me dirijo a los políticos del Congreso de los Diputados: “Es imprescindible que se revisen los protocolos y que, a la par, se mejore la inversión pública que se destina tanto al refuerzo de la sanidad con la intención de garantizar su correcto funcionamiento, como a la investigación del cáncer”.

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