Pregunta para Parlamento de Catalunya

Soy Pilar y me he enfrentado a un cáncer de mama triple negativo. La falta de empatía médica marcó mi proceso, y ahora la incertidumbre laboral me persigue: ¿Cuándo se tendrá en cuenta la verdadera realidad que experimentamos los pacientes oncológicos?

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Pilar Martín Ferre Pregunta de Pilar Martín Ferre

Hola, 

Yo soy Pili, tengo 48 años, soy de Barcelona y me he enfrentado a un cáncer de mama triple negativo. Tenía 47 años recién cumplidos cuando, en noviembre de 2019, me percaté de que tenía un bulto en el pecho, algo más arriba de la mama, para ser exactos. Acudí a mi consulta y allí, desde el primer momento, casi ya pudieron confirmar que se trataba de un tumor. Tras una biopsia pudimos ponerle nombre y apellidos: tenía cáncer de mama triple negativo. En diciembre empecé con la quimioterapia y recibí sesiones hasta mayo. Todo marchó muy bien. Mi cuerpo pareció acostumbrarse a la quimioterapia “blanca”, pero las 12 sesiones de quimioterapia “roja” acabaron con el tumor. 

Y así, el 17 de junio entré en quirófano con todo a favor, sin tumor, y con el propósito de limpiar la zona y extirpar dos ganglios centinelas. El procesó culminó con 25 sesiones de radioterapia. He vencido el cáncer de mama. Y lo cierto es que mi ánimo nunca se ha venido abajo. Hasta yo misma a veces me pregunto de dónde he sacado toda esta entereza para afrontar la situación. 

Yo solamente quería curarme, es cierto, y por ello lo he llevado bien; pero también quedan resquicios en los que reparas, aquellos matices que rodean la enfermedad. En su momento me ofrecieron apoyo psicológico, y yo no precisaba del apoyo de un psicólogx. Pero, ¿sabríais que habría ayudado? Sentir el arropo y el calor de un equipo médico que conoce al dedillo tu caso, que te entiende y ve cómo evolucionas. Y eso yo no lo he sentido. Cambié varias veces de oncólogx, así como de enfermerxs, por lo que el entendimiento con los profesionales médicos a menudo era insuficiente. No tuve estabilidad médica. 

Cuando escuchas por primera vez la palabra CÁNCER, sientes que te arrasa un tren. Piensas en tu vida, en tus hijos, en tu entorno más cercano. Y qué suerte que algunos pacientes, me incluyo, mantengamos la fuerza y el ánimo suficientes para encarar lo que viene. Pero no deja de ser una realidad difícil de gestionar. Y entonces la falta de empatía, la falta de tacto… hacen aún más daño. El cáncer no es solo un tratamiento, un número estipulado de sesiones, una intervención… El cáncer es mucho más. Son efectos secundarios, son secuelas, físicas y emocionales; es incertidumbre, es temor, y es mucho más. ¿Por qué en ocasiones el acompañamiento médico no está a la altura de la enfermedad?

A día de hoy sigo siendo paciente oncológica, y estoy de baja, la seguridad social me emplazará al tribunal médico para decidir qué pasos seguir de cara a mi reinserción laboral. Siento cierto agobio y frustración al respecto. Yo siempre me he dedicado a la limpieza de un colegio, y ahora no sabré si podré desempeñar este mismo trabajo, si me darán la incapacidad, etc. No tengo movilidad completa en el brazo, y mis movimientos se limitan además por riesgo de linfedema. ¿Qué puedo hacer? ¿Hasta cuándo y dónde aguantará mi cuerpo? ¿Por qué tenemos que toparnos con esta incertidumbre? ¿Cuándo se atajará el limbo laboral en el que nos sumergimos las y los pacientes oncológicos una vez remitida la enfermedad?

Por eso hoy estoy aquí, dirigiéndome a vosotros, mis representantes políticos en el Parlament de Catalunya, para lanzaros la siguiente pregunta: ¿Cuándo se garantizará un acompañamiento médico estable y se acabará con el desamparo laboral?

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