Muchas mujeres víctimas de abusos vivimos con miedo a denunciar porque no nos sentimos protegidas por las instituciones públicas. ¿Cuándo pondrán más medidas de apoyo y seguridad para ayudarnos  en el proceso de denuncia de casos de abusos?

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Me llamo Mireia Casado, soy actriz profesional y directora de teatro. A lo largo de mi vida como mujer y como artista me he encontrado con diferentes tipos de abusos y de abusadores, muy a mi desgracia. No creo que mi situación sea especial por el hecho de haberme encontrado a varios, sino que lamentablemente la mayoría de compañeras han vivido casos parecidos a los míos. Tuve la mala suerte de conocer a dos profesores del Aula Municipal de Teatre de Lleida que años más tarde han sido acusados de abusos a menores. Fueron unos de mis primeros profesores de teatro y nos hicieron creer a todas que la libertad sexual y la confianza entre profesores y alumnas eran parte del teatro y ahora es cuando te das cuenta de que eran trampas manipuladoras. Estos profesores me hicieron la vida imposible porque me quejé en seguida del trato que tenían con algunas de las alumnas y les espeté una broma diciéndoles que se buscasen a una chica de su edad. A partir de ahí como ya se olían que yo podía ser un problema, me trataron muy mal para que me fuese del aula y ejercían mucha presión para que me fuese de allí.

Muchas de mis compañeras fueron abusadas sexualmente y entre nosotras no lo comentábamos mucho porque había un punto entre secreto y supongo que en el fondo algo sabíamos que algo estaba mal. Teníamos 14 años, tampoco sabíamos encajar mejor la situación. Y ahora con 30 y plena consciencia de lo que pasaba nos dicen que los hechos “han prescrito”, es muy frustrante. Está claro que esto tiene que cambiar.

En estos términos, con un abusador al mando del Aula Municipal de Teatre de Lleida, empecé en el mundo del teatro y me da pena porque es una profesión preciosa. Mucha gente también se pregunta cómo aguantamos en el aula tanto tiempo con estos dos depredadores a la cabeza. También era un lugar en el que pasaban muchas cosas bonitas, yo tenía muchos amigos y amigas, empezabas en el mundo del teatro que a mi me encantaba y estaba descubriendo lo que luego fue mi vocación profesional, por lo que todas estas cosas también estaban al otro lado de la balanza y te hacían seguir adelante. Bajo la tutela de estas personas también nos dimos cuenta de que habíamos normalizado muchas cosas que después hemos tenido que deconsturir.

Después me fui a Barcelona al Institut del Teatre y también tuve bastantes profesores manipuladores, abusadores, algunos inclusive depredadores, porque usar su figura de poder para ligar con alumnas es indignante. Costaba detectarlos porque todas veníamos de una situación en la que siempre hay un profesor/genio que lo sabe todo y tiene la razón y machacarte es válido para enseñarte. Nos ha costado darnos cuenta del abuso de poder y del maltrato que ha habido en el mundo docente teatral. Quiero dejar claro que ahí también hay personas maravillosas en el equipo docente dando clases y yo he tenido a verdaderos maestros y maestras como profesorado. Por desgracia también había abusadores, depredadores y mucha gente que maltrata al alumnado y nos dejan hechos papilla.

Llegó mi etapa laboral en el que he estado en compañías que pagan mejor o peor, con jefes más o menos simpáticos, pero la peor fue una empresa de espectáculos para despedidas de soltero y soltera, cumpleaños y celebraciones varias, donde hacíamos cenas espectáculo y yo tenía un personaje que causaba mucha simpatía. Para empezar era un trabajo hipermachista porque yo cobraba la mitad que mi compañero de trabajo y hacíamos las mismas horas. En este trabajo sufrí dos accidentes, uno con un cliente que se propasó y en un momento que pasábamos por las mesas a hacernos fotos, yo llevaba un disfraz en el que me colocaba una peluca colgando dentro de las braguitas a modo de exageración y el cliente me levantó la falta y colocó su mano sobre mi cuerpo. Le pegué un grito al tío y sus amigos me pidieron perdón alegando que estaba borracho. Fui a hablar con el encargado y en lugar de pedirle explicaciones al cliente, me dijo que me había acercado demasiado a un hombre borracho, cuando siempre nos hacemos las fotos cerca. Esta no fue la situación más grave, pocas noches después un compañero de trabajo, que además era coordinador, se propasó física y sexualmente conmigo. Un día vino bajo los efectos de estupefacientes y durante las fotos por las mesas vino a hacerse las fotos con nosotros, aunque no es actor, y se puso detrás de mi para restregar sus partes contra mi cuerpo. Yo estaba ante la cámara y ante el público y no podía hacer mucho porque tenía que poner buena cara. Yo le iba apartando con el codo como podía, pero no podía girarme y darle un bofetón, además yo mido 1,65cm y él era un hombre de 1,85cm, fuerte y bajo los efectos de las drogas. Cuando terminaron las fotos fui directa a mi encargado a decirle lo que había ocurrido y sólo me dijo que si había hablado con él. Le pedí que lo apartasen de mí porque estaba muy incómoda. El encargo me culpabilizó con ese comentario, porque era evidente que mi incomodidad me impedía hablar con él. Contacté también con el jefe, por mail, así lo dejaba por escrito. Y nada. Me ofreció subirme 10 euros el sueldo para tenerme callada y contenta. No le echaron a él, así que me fui yo del trabajo. Es injusto que yo tuviese que irme al haber sido víctima de abusos. Era una empresa que no protegía a las mujeres y poco a poco nos hemos ido todas por la discriminación y los abusos.

Creo que en el mundo del teatro como nos tenemos mucha confianza y los actores y actrices nos cambiamos juntos en el camerino, actuamos con nuestros cuerpos, nos tocamos y hay confianza física entre nosotros y nosotras, se dan mucho estas situaciones porque muchas personas tergiversan esta línea de confianza para su propio beneficio y cuesta mucho diferenciar cuando se están propasando. Tanto en el Aula de Teatre como en el Institut del Teatre, y luego en el trabajo, las mujeres tendemos a sentirnos culpables y no nos atrevemos a denunciar situaciones. No denunciamos situaciones que nos parecen desagradables para no ser revictimizadas y no tener que aguantar una batería de preguntas incómodas que muchas veces nos juzgan sobre cómo vestimos o por qué actuamos de determinada manera. Con este mal trato administrativo hacia las víctimas consiguen que no haya tantas denuncias, aunque afortunadamente parece que la situación está cambiando.

A lo largo de mi vida nunca me he atrevido a denunciar oficialmente ciertas situaciones. Hasta el nivel en el que muchos años más tarde, fuera del mundo artístico sufrí una agresión sexual por parte de un conocido y tardé 8 años en poder hablar de la situación. Nunca en todos estos años me he atrevido a denunciar los hechos, da mucho miedo ir a comisaría, que te hagan preguntas que no quieres responder y que no se encuentren pruebas de lo que estás denunciando. Después que salga el juicio, que se enteren tus compañeras, tu familia y todo tu círculo de lo que ha pasado y que encima se te juzgue a ti por cómo dejaste pasar algo así. Si en el momento no me atreví, ahora que han pasado tantos años me atrevo menos porque además no tengo ninguna prueba física hoy en día. Creo que somos muchas las mujeres que nos hemos encontrado en situaciones así, en el trabajo, en lo personal o en lo familiar. Vivimos con miedo a denunciar porque no nos sentimos protegidas por las instituciones públicas y el cambio debería empezar por ahí. Necesitamos más grupos de apoyo, seguridad a la hora de denunciar, como por ejemplo, ser atendidas por una mujer policía y que no tengas que contar tu historia cinco veces o encontrarte con tu abusador en el juicio. Todas estas herramientas serían una buena forma para proteger a las víctimas y que no haya tantos casos sin denunciar. Estoy segura de que todas conocemos a alguien y no lo sabemos porque no se atreve a decirlo. 

Quiero señalar que institucionalmente da mucho miedo denunciar y que necesitamos muchos más medios para sentirnos protegidas y poder hacerlo, pero le quiero decir a toda mujer que pase por una situación así que busque una cómplice, una amiga, una hermana, la madre, la pareja, o una compañera a la que poder explicárselo. Es el primer paso para empezar a quitarte la culpa de encima y poder superar el trauma. Las curas empiezan cuando encuentras a una persona a la que poder explicarle tu relato y te diga que no es culpa tuya, que el mundo está fatal y que el hombre que te ha hecho esto es una mala persona. Es importante encontrar un círculo de confianza para sentirte menos sola y más acompañada. Pero a parte habría que hacer un trabajo importante a nivel institucional y a nivel policial. Ya es hora de que nos escuchen porque somos muchas y las cosas tienen que cambiar.

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