La práctica de lo inhumano. ¿Qué piensan hacer para acabar con la mutilación genital femenina?

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Hola, soy Mar (@tinta_de_mar), soy activista feminista y escribo este texto en osoigo para hablar de una práctica que vulnera los derechos de las mujeres y que la sociedad desconoce, pero se lleva a cabo en muchos países: la mutilación genital femenina. 

La mutilación de los genitales femeninos (MGF) sucede en todo el mundo, pero sobre todo en continentes como Africa, Asía y Latinoamérica. Miles de niñas en el mundo sufren la mutilación genital impuesta por culturas misóginas y frente a la pasividad de otros países que critican estas prácticas, pero tampoco hacen nada para frenarlas. 

Según la Encuesta Nacional de Salud de 2013  una de cada dos niñas de 11 años o menos en Indonesia fue sometida a esta práctica nociva y cruel. Nueve años después, todavía sigue existiendo esta violación de los derechos humanos y a nivel internacional solo se escucha el silencio.  

Las crisis humanitarias, incluida la del COVID-19, han obstaculizado los esfuerzos para prevenir la mutilación genital femenina, de modo que se calcula que dos millones más de niñas serán objeto de esta práctica durante la próxima década.   

Existen cuatro tipos de MGF: la clitoridectomía, que es la extirpación parcial o total del clítoris; la escisión es la segunda práctica más frecuente después de la anterior mencionada, esta consiste en la extirpación parcial o total del clítoris y de los labios menores. Después están la infibulación, que es el estrechamiento del orificio vaginal, y los pinchazos, perforaciones, incisiones, etc…

Todo esto se realiza con la finalidad de controlar la sexualidad de mujeres y niñas y en muchos lugares es hasta un prerequisito para el matrimonio infantil (otra vulneración de derechos humanos en toda regla).  Además, aquellas niñas y mujeres a las que se les ha realizado cualquier tipo de mutilación genital sufren secuelas, traumas psicológicos, infecciones, posible infertilidad y, en muchos casos, esta práctica les provoca la muerte.

Pero ¿Quién lanzó la primera piedra decidiendo que a la mujer se le debe condenar por el simple hecho de ser mujer? ¿Por qué las niñas tienen que sufrir este tipo de torturas irracionales? Ni su físico ni sus genitales son el problema. El problema es la base machista y misógina desde la que se establece la cultura de nuestra sociedad, llevándolo a niveles extremos como es el caso de la MGF; no obstante, esta base misógina se encuentra presente en todos los lugares y en todas la culturas y se manifiesta de diversas maneras. 

Para acabar con esto, es fundamental la intervención institucional a nivel internacional. Es necesaria la toma de conciencia individual y colectiva para que más personas alcen la voz contra la MGF. Es urgente y muy importante como sociedad informarnos, cuestionar las creencias con las que crecimos y  tomar conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor. La participación de cada persona es lo que va marcando la diferencia y haciendo el camino para acabar con estas barbaries.  

Aún hay mucho por lo que luchar. 

Merecemos que el patriarcado deje de asfixiarnos y comenzar a ser libres desde la raíz y en todos los lugares del mundo. 

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