Pregunta para Málaga

¿Qué deberíamos hacer ante esto?

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Lorena Saura Pregunta de Lorena Saura

CUANDO QUIENES CUIDAN A LOS MÁS VULNERABLES SE OLVIDAN DE CUIDAR A LAS PERSONAS.

Hoy quiero alzar la voz por una joven de 19 años que ha vivido una situación que nadie debería tener que soportar en su primer contacto con el mundo laboral. Una situación que invita a reflexionar sobre los valores, la ética y la humanidad de determinadas empresas que, paradójicamente, se dedican a mejorar la calidad de vida de personas vulnerables.

Tras reincorporarse de una baja laboral, esta joven se encontró con un ambiente hostil, situaciones de acoso y actitudes por parte de compañeras que hicieron de su día a día una experiencia difícil. A pesar de ello, siguió acudiendo a su puesto con una sonrisa, dejando a un lado su malestar para entregar lo mejor de sí misma a quienes realmente daban sentido a su trabajo: sus usuarios.

Porque, incluso en los días más difíciles, nunca dejó de cuidar, de implicarse, de ilusionarse ni de dar cariño a las personas que tenía a su cargo.

Durante seis meses desempeñó su labor como monitora, tal y como figuraba en su contrato, cubriendo una baja laboral que, desde el principio, se sabía que sería prolongada. Ahora, de repente, la situación cambia.

Un cambio de turno la lleva al despacho y allí, según relata, se encuentra ante una decisión que siente que no puede rechazar: renunciar voluntariamente a su puesto o afrontar un despido, con la advertencia de que, si no firma la renuncia, no volverán a contratarla en el futuro.

¿De verdad se puede llamar decisión libre a una firma realizada bajo semejante presión?

La explicación que recibe es que su contrato como monitora podría generar problemas ante una posible inspección, ya que su formación es de cuidadora. Sin embargo, fue la propia empresa la que la contrató en esas condiciones y, según cuenta, desde el principio se le indicó que no comentara con sus compañeros las condiciones de su contratación para evitar conflictos.

Y ahora, seis meses después, parece que la responsabilidad de esa situación recae sobre una chica de 19 años.

¿Dónde queda la responsabilidad de la empresa? ¿Dónde queda la transparencia? ¿Dónde queda el respeto por una trabajadora que simplemente ha cumplido con el puesto para el que fue contratada?

Lo más doloroso no es únicamente perder un empleo. Es sentirse engañada, presionada y apartada de aquello que más ama. Es descubrir, con apenas 19 años, que puedes dar lo mejor de ti, implicarte emocionalmente en tu trabajo y entregarte a los demás, y aun así terminar sintiéndote utilizada.

Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿se está intentando solucionar una irregularidad contractual o se está trasladando el problema a la trabajadora, obligándola a asumir las consecuencias?

Si la empresa consideraba que había un problema con su contratación, ¿por qué no se abordó desde el principio con claridad y responsabilidad? ¿Por qué poner a una joven ante una elección tan dolorosa? ¿Por qué hacerle sentir que debe renunciar a su vocación para evitar que otros asuman las consecuencias de sus propias decisiones?

No se trata de pedir privilegios. Se trata de exigir respeto, honestidad y dignidad laboral.

Porque una empresa que trabaja con personas vulnerables debería comprender mejor que nadie el valor del cuidado, la empatía y el trato humano. Y esos valores no deberían quedarse en los usuarios, en los folletos o en los discursos corporativos. También deberían estar presentes en la forma de tratar a sus propios trabajadores.

Cuidar a quienes cuidan también es responsabilidad social.

Hoy, una chica de 19 años se siente derrotada, engañada y despojada de un trabajo que le hacía feliz. Pero su vocación, su capacidad de entrega y el cariño que ha demostrado a sus usuarios no desaparecen porque alguien le ponga delante un documento para que firme su renuncia.

Que nadie le haga creer que ha fracasado. Que nadie le haga pensar que el problema es suyo por haber querido trabajar, aprender y dar lo mejor de sí misma.

Quizá quienes deberían reflexionar no son quienes han dedicado su tiempo a cuidar, sino quienes tienen la responsabilidad de gestionar, contratar y proteger los derechos de sus trabajadores.

Porque no hay verdadera calidad de vida si se construye a costa de la dignidad de quienes la hacen posible.

Y porque detrás de cada contrato hay una persona. Detrás de cada firma, una historia. Y detrás de esta, una joven que merecía mucho más que sentirse obligada a renunciar a lo que amaba.

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