Me llamo Noelia, tengo 39 años y lucho contra un cáncer de mama hormonal con metástasis ósea: ¿Por qué ser mujer y joven a menudo es sinónimo de un diagnóstico tardío?
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José Juan Zaplana López

Más recursos para la prevención y detección precoz


Noelia, mucho ánimo. Tu vida es un ejemplo de lucha y perseverancia, una historia de superación que debería servir para evitar situaciones similares, acelerar los diagnósticos oncológicos y destinar más recursos a la prevención para poder combatir antes el cáncer. La detección precoz es clave para salvar vidas y, con la pandemia del covid, vemos cómo ha habido una cierta dejación por no ser una cuestión de urgente necesidad. Desde el PP venimos exigiendo en Les Corts el derecho que tienen los pacientes para recibir una atención sanitaria adecuada y que se está viendo afectada por el colapso en la atención primaria por su mala gestión del covid. Ni PSPV, ni Compromís ni Podemos han sido capaces de establecer ninguna previsión ni alternativa real para evitar la merma que venimos padeciendo en la atención sanitaria. 

No te rindas Noelia. Por gente como tú vale la pena seguir peleando en Les Corts para mejorar esta sociedad. Insistiremos para ver si nos escuchan y logramos más medidas para la detección precoz a todas las edades. 


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José Juan Zaplana López
 Pregunta Me llamo Noelia, tengo 39 años y lucho contra un cáncer de mama hormonal con metástasis ósea: ¿Por qué ser mujer y joven a menudo es sinónimo de un diagnóstico tardío?

Hola,

Mi nombre es Noelia Silván, tengo 39 años y soy de Villajoyosa (Alicante). Soy mujer, madre de tres preciosas y revoltosas niñas y llevo casi 80 quimios a la espalda, 79 para ser exactos. Sí, leéis bien, desde hace casi cinco años estoy luchando contra un cáncer de mama hormonal con metástasis ósea.  

Tenía 33 años cuando el dolor comenzó; o los dolores, para ser más rigurosos. Primero me dolía un brazo, luego otra parte del cuerpo, y así me tiré cerca de un año, con dolores infrahumanos y asistiendo al médico o al hospital de forma regular, sin obtener ninguna respuesta concreta. Hasta que un día me desplomé, literal, y después tuvieron que llevarme al hospital. Por aquel entonces yo ya no podía casi ni andar, mi movilidad se había reducido considerablemente. Más tarde sabríamos que era consecuencia de la metástasis ósea.

En el hospital pasaron cuatro días en los que seguían sin darme un diagnóstico claro y después, con el primer atisbo de lo que podría ser, empezaron las carreras: mamografía, TAC… Todas las pruebas que no me habían hecho anteriormente tuvieron lugar en muy pocos días. Finalmente el diagnóstico era más claro: tenía cáncer de mama con metástasis ósea. Me inundó el miedo. Y creo que también a mi oncólogo, que llegó a asegurar que yo era uno de los recuerdos más amargos de su carrera: una mujer con 34 años, tres hijas y este tipo de cáncer tan arrasador y extraño al mismo tiempo.

A partir de ahí empezaron las sesiones de quimioterapia. Pero estas eran tan agresivas que tuvimos que parar con el tratamiento. Empecé con uno más flojo pero al año tuve una recaída. Mi oncólogo me recomendó, de forma personal, acudir a Madrid, a otro oncólogo especializado en casos como el mío. Allí colaboraron para que siguiera luchando, bajándome la dosis, y repitiendo algunas pruebas, preparándome para el segundo tratamiento que recibiría de nuevo en Villajoyosa.

La enfermedad se paró con los tratamientos, pero no lo hicieron los dolores, ni los efectos secundarios. He lidiado con la disminución de mis plaquetas, con sangrados, con dolores infrahumanos que me obligaban a ir hasta arriba de morfina. Por suerte, hace un año y medio decidieron ponerme una bomba de morfina, que va administrando los valores de esta que llegan a mi cuerpo. Desde entonces soy otra persona. Y ahora recibo sesiones de quimio cada tres semanas.

Me atrevería a decir que he pasado por todo tipo de intervenciones, a excepción de la operación de pecho. Pero a día de hoy sigo peleando. Estoy haciendo frente a uno de los tipos de cáncer de mama más extraño que se conozca. Cuando lo detectan, el pronóstico no suele ser nada esperanzador. De hecho, yo tendré que recibir sesiones de quimioterapia de por vida, pero ¿sabéis qué? Que no me pienso morir. A mí no me viene bien morirme ahora.  

¿Por qué os cuento toda mi historia? Para demostrar que hay que seguir luchando, que se puede y que cualquier ayuda sirve para mantenerse en pie. Yo me siento tremendamente afortunada de contar con una familia y un marido que me dan todo, y tres motores que son mis hijas que me hacen sentir muy viva. Al igual que no tengo suficientes palabras de agradecimiento para el equipo médico y los oncólogos que me han tratado, tanto en Alicante, como en Madrid, y otros lugares. 

Pero desde aquí me dirijo también a las Cortes Valencianas, porque si yo hubiese tenido un diagnóstico temprano, me habría aliviado el dolor y el sufrimiento físico y emocional durante más de un año, que fue un calvario. ¿Cuándo tendremos todos los pacientes el derecho a disponer de un diagnóstico oncológico a tiempo? Ser joven no debería impedir que nos escuchen.

Enviada por
Noelia Silvan Toston Noelia Silvan Toston
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18.01.2021

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