Pregunta para Eusko Legebiltzarra

Soy Elisa, dietista-nutricionista y superviviente de dos TCA. ¿Cuándo se va a invertir y a trabajar de forma adecuada en la prevención de los TCA?

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Elisa López Pregunta de Elisa López

Me llamo Elisa, vivo en Vitoria y soy superviviente de anorexia nerviosa y bulimia, dos Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA). Las ganas de ayudar a personas que pueden estar en una posición similar a la que yo viví, me llevó a estudiar la carrera de nutrición. Ahora soy dietista-nutricionista. 

Los TCA no solo giran en torno a un problema, son muchos los factores que intervienen en su aparición. En mi caso, la alimentación que tuve de pequeña pudo ser uno de los detonantes de mi enfermedad. Mis padres me daban alimentos sanos, pero en casa siempre había bollería industrial, esto me hizo crecer siendo una niña más “grande” de lo normal. No obstante, no le daba demasiada importancia. 

Con 13-14 años sufrí un episodio de depresión al separarme de mis amigas y de mi hermana gemela en clase. Empecé a estar triste, a no salir y, poco a poco, a dejar de comer. Un día, mientras me vestía, me di cuenta que uno de mis pantalones no me quedaba bien. Y estallé. Me dije: “Eli, tienes que adelgazar”. Comencé quitándome la bollería y, al ver que conseguía resultados, seguí con la reducción de cantidades de comidas. 

Una vez que empiezas, es muy difícil parar, llegó un momento en el que apenas ingería alimentos. El sentimiento de culpa y el malestar físico y psicológico me llevaron a sincerarme con mi padre. En ese momento, mi familia se volcó al máximo en mi recuperación. Sin embargo, pese a contarlo todo, no me veía con las ganas suficientes para recuperarme, esto se reflejó en varias recaídas. 

Tras más de dos años en tratamiento, a los 16 me dieron el alta médica. Es en este punto en el que primero quiero incidir. La psicóloga ni siquiera me hizo una valoración, solo me dijo lo guapa que me veía. Los TCA son una enfermedad mental, es por ello por lo que la figura de los y las profesionales en psicología resulta imprescindible. Se deberían destinar más recursos a estos servicios para que las y los pacientes con este trastorno puedan tener una atención de calidad. 

Pero sin duda, si algo puede prevenir y combatir los TCA es la educación. Los centros educativos deberían contar con profesionales especializados en nutrición de forma continua en sus planes educativos. Además, sería interesante hacer participes a los padres y madres en talleres o charlas en los que se aborden estos temas.

Por todo lo anteriormente expuesto y como ciudadana del País Vasco, me dirijo a las y los miembros del Parlamento Vasco para transmitirles mi preocupación y pedirles que trabajen e inviertan más en la prevención de los TCA. 

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