Pregunta para Parlamento de Galicia

Me llamo Daniela y vivo con fibromialgia. No solo me duele el cuerpo, también el alma. ¿Por qué no tenemos apoyo psicológico como otras enfermedades crónicas?

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Daniela Marín Pregunta de Daniela Marín

La fibromialgia, es una enfermedad crónica que no solo desgasta mi cuerpo cada día, sino también mi salud mental. Y lo más duro no es únicamente el dolor físico, sino la sensación constante de no estar siendo escuchada ni comprendida.

Desde muy joven supe que algo no iba bien. No era normal vivir con un cansancio permanente siendo adolescente. Me levantaba agotada, como si no hubiera dormido en días. Sin embargo, nunca acudí al médico pensando que quizás era “lo normal”, que simplemente era débil o que exageraba.

El diagnóstico no llegó por la sanidad pública. Tuve que recurrir a la privada para obtener respuestas, porque en la Seguridad Social el proceso es interminable y, en muchos casos, inexistente. En Galicia, la fibromialgia sigue sin ocupar el lugar que merece dentro del sistema sanitario aunque hablemos de miles de personas afectadas y, aun así, seguimos siendo invisibles.

Recuerdo perfectamente el momento en que un especialista, después de escuchar toda mi historia, me confirmó lo que yo ya intuía. Bastó una exploración en un punto cercano al pecho, un dolor tan intenso que casi me hizo caer de la silla, para que todo encajara. Sentí que el mundo se me venía encima. Tenía nombre lo que me pasaba, pero también era el inicio de una nueva realidad que no sabía cómo explicar ni a mi familia ni a mis amigos.

Mis síntomas han sido muchos y variados: fatiga extrema, olvidos constantes que me hacían dudar de mí misma, dolores generalizados que no dan tregua, problemas intestinales urgentes que condicionan mi día a día, molestias digestivas, picores y una hipersensibilidad nerviosa que convierte cualquier estímulo en una sobrecarga. Vivir así no es simplemente “tener dolor”, es reorganizar tu vida entera en función de lo que tu cuerpo permita cada día.

Pero si algo me preocupa profundamente es la salud mental. Tengo depresión diagnosticada. No porque quiera rendirme, sino porque convivir con esta enfermedad te rompe por dentro. Me duele no sentirme la madre que quisiera ser. Hay días en los que no puedo hacer ni la mitad de lo que otras personas de mi edad hacen con normalidad. Me miro y siento que tengo décadas más encima. Y el pensamiento de ser una carga para mis hijas me acompaña demasiado a menudo. Sé que no soy la única mujer que vive con esta culpa silenciosa.

Acceder a apoyo psicológico en la sanidad pública es otra batalla. Las listas de espera superan el año y, mientras tanto, intentan derivarnos a otras opciones o minimizar la necesidad de atención especializada. Como si nuestra salud mental fuera secundaria. Como si el impacto emocional de una enfermedad crónica no fuera evidente.

Además, la fibromialgia prácticamente no se reconoce adecuadamente como incapacitante. Muchas personas nos vemos obligadas a recurrir decisiones, a iniciar procesos judiciales, a llevar nuestra enfermedad hasta instancias superiores para que se nos reconozca una incapacidad que refleja nuestra realidad diaria. Y aun así, con frecuencia se nos niega porque no se valora la enfermedad en su conjunto. Es agotador tener que demostrar constantemente que estás enferma.

No pedimos privilegios. Pedimos comprensión, reconocimiento y acceso real a tratamientos médicos y psicológicos adecuados. Pedimos que se nos escuche.

Por favor, te pido que apoyes esta reivindicación. Necesitamos apoyo social para dar visibilidad a lo que vivimos cada día. Solo así conseguiremos que las instituciones tomen medidas reales, que la fibromialgia sea tratada con la seriedad que merece y que ninguna persona tenga que sentirse sola, cuestionada o abandonada por el sistema.

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Pregunta dirigida a: Parlamento de Galicia

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