Pregunta para Parlamento de Canarias

La muerte perinatal y la infertilidad siguen siendo realidades invisibilizadas y sin protocolos específicos. ¿Por qué no existe un protocolo público y homogéneo para atender dignamente una pérdida gestacional?

1 personas la han apoyado
1 de500 Apoyos
Aránzazu . Pregunta de Aránzazu .

Hace cuatro años viví una experiencia que marcó mi vida para siempre: el corazón de mi hija dejó de latir cuando yo estaba embarazada de ocho meses y medio. Todo lo que rodeó aquel hecho me ha llevado a reflexionar profundamente y me produce indignación. Por ello impulso esta iniciativa: para poner sobre la mesa la realidad de la muerte perinatal y la violencia obstétrica desde mi experiencia, y para que se empiecen a tomar medidas al respecto.

Durante el último trimestre de embarazo acudí en tres ocasiones al hospital porque sentía que algo no estaba bien. Sin embargo, no fue hasta la tercera visita cuando me realizaron una ecografía y detectaron que mi hija ya no tenía latido.

Tuve que someterme a un proceso de parto convencional aun sabiendo que mi hija no nacería con vida. Durante ese proceso escuché a otras madres con sus bebés recién nacidos; solo nos separaban unas cortinas. No se me ofreció ningún tipo de acompañamiento específico ni existía un espacio diferenciado para situaciones como la que yo estaba viviendo.

Apenas media hora después del parto, con mi bebé en brazos, una persona acudió a entregarme un documento para preguntarme qué debía hacerse con el cuerpo de mi hija fallecida. Me encontraba en estado de shock, en pleno duelo y en una situación de extrema vulnerabilidad emocional.

No existe un protocolo adaptado para un duelo tan extremo y, por desgracia, esta situación no es excepcional. Muchas mujeres han vivido experiencias similares. En ese momento comprendí que estamos muy lejos de tratar la muerte perinatal con la humanidad, el respeto y la normalización que merece. Además, tras una pérdida gestacional no se ofrece ningún tipo de acompañamiento más allá de un ingreso médico de un máximo de 24 horas.

Para intentar esclarecer las causas de la pérdida, se ofrece la posibilidad de realizar una autopsia al feto; sin embargo, continúa faltando un seguimiento médico integral que permita investigar de forma adecuada otros posibles factores, incluidos aquellos relacionados con los progenitores.

Un año después volví a quedarme embarazada. Viví el primer trimestre con miedo y necesité atención psicológica privada. En la ecografía de las doce semanas volvieron a comunicarme la pérdida de mi hijo. En esta ocasión tampoco se me ofreció un acompañamiento adecuado, reabriendo un trauma que aún no estaba resuelto.

En mi caso, después de más de diez años acudiendo a consultas ginecológicas y realizándome pruebas, solo a través de la sanidad privada se detectó que padecía trombofilia, y ello ocurrió después de haber perdido a mis dos bebés. Esta condición podría haberse diagnosticado mucho antes y quizá me habría evitado un sufrimiento innecesario.

Además, los problemas de fertilidad y las pérdidas gestacionales no se reconocen como procesos de duelo con un impacto físico y psicológico real, ni se garantiza un acompañamiento psicológico desde la sanidad pública.

Todo ello constituye una forma de violencia obstétrica e institucional que invisibiliza el dolor de muchas mujeres y las obliga a buscar soluciones médicas y psicológicas por vías privadas.

Por este motivo, impulso esta campaña para señalar la necesidad de:

– La creación de protocolos específicos y humanizados para la atención a la muerte perinatal en hospitales públicos.
– La habilitación de espacios diferenciados para mujeres que sufren una pérdida gestacional, evitando compartir áreas con madres y recién nacidos.
– La realización de estudios médicos sistemáticos tras una pérdida gestacional para investigar posibles causas (como trombofilias u otras patologías), así como cuando una paciente acude reiteradamente a consulta manifestando que no consigue quedarse embarazada.
– El acceso a acompañamiento psicológico público y gratuito tras una pérdida o durante procesos de infertilidad.
– El reconocimiento del duelo gestacional como causa válida de baja laboral.
– La formación del personal sanitario en duelo perinatal y trato respetuoso.

La muerte perinatal y la infertilidad no son hechos aislados, pero siguen tratándose desde el silencio, la falta de protocolos y la deshumanización. Las mujeres no deberían afrontar estas situaciones en soledad ni verse obligadas a recurrir a recursos privados para recibir una atención adecuada.

Por todo ello, pido a las instituciones que aborden esta realidad con responsabilidad, sensibilidad y compromiso, para que ninguna mujer vuelva a vivir su pérdida en condiciones de abandono sanitario y emocional.

1 personas la han apoyado
1 de500 Apoyos