Desde los 10 años he tenido innumerables experiencias de acoso sexual, tanto por parte de adultos como de niños y adolescentes. ¿Para cuándo más charlas en los colegios para prevenir este tipo de acoso, especialmente para padres y madres?

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Me llamo Andrea, soy de Salamanca y actualmente vivo en Madrid. Hace poco leí un hilo de tweets de una chica que contaba que había sido acosada por un señor en unos bancos. Ahí constaté, una vez más, que el acoso callejero es algo que sufrimos mujeres, niñas y adolescentes a diario.

Yo hace poco tuve experiencias de este tipo durante tres días seguidos: el primero, un hombre me voceó por la calle “madre mía”; al día siguiente, otro me tiró besos desde el coche, y el tercer día, un hombre se asomó por debajo de mi falda. Acaba de empezar el verano y quiero vestir como quiera sin tener que sentirme cohibida, intimidada o avergonzada, aunque lo que más siento realmente es asco. También quiero remarcar que los acosadores han sido desde niños y adolescentes hasta ancianos, lo que me parece bastante preocupante.

La primera vez que recuerdo haber sido acosada fue cuando tan solo tenía 10 años. Estaba saliendo de casa para ir a comprar el pan y, cuando llegué al portal, había un vecino que ni siquiera conocía y que, por edad, podía ser mi padre. Me dijo que, si no le daba un abrazo y un beso, no podía pasar. Me asusté, volví a casa corriendo y se lo conté a mi madre. Ella bajó conmigo a recriminárselo.

Desde entonces hasta hoy, no puedo contar las veces que he sido acosada en un espacio público. De todas, la más grave fue cuando estaba en una discoteca durante la universidad, tendría unos 20 o 21 años. El local estaba bastante lleno y estábamos todos un poco apretados, como en cualquier discoteca. El problema fue cuando noté que alguien me rozaba por detrás. Me di la vuelta y vi que era un chico que se estaba masturbando.

En el momento me asusté y no me atreví a decirle nada. El chico parecía que había tomado muchas drogas y que estaba en trance. Fui al portero de la discoteca a contárselo y no me creyó, pensando que iba borracha y que lo estaba exagerando, cuando yo no bebo nunca. Le insistí y finalmente echaron al chico de la discoteca.

Ahora que ya tengo más años y más experiencia, no me callo ni una. Siempre que alguien me acosa, ya sea con palabras, onomatopeyas o miradas, me giro y le respondo sin ningún miedo. En mi caso, tener unos padres abiertos a quienes poder contarles estas cosas, creo que me ha ayudado mucho a aprender a gestionar todo esto. Pero hay muchas otras que, por vergüenza o por el motivo que sea, no se han atrevido a hablar de ello.

Por eso creo que es muy importante trabajar en la prevención de este tipo de acoso desde las escuelas. Por supuesto, es importante formar desde la infancia, para aprender tanto a respetar la intimidad de los demás como a poner límites. Pero creo que es incluso más importante dar charlas a padres y madres, deben saber que sus hijos e hijas podrían ser tanto víctimas como acosadores.

También es muy importante que las mujeres, niñas y adolescentes tengamos la información y las herramientas para saber qué protocolo hay que seguir si somos víctimas de acoso o abuso sexual. Hay centros donde ofrecen ayuda a estas víctimas, pero de nada sirven si no sabemos de su existencia.

 

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