Pregunta para Junta General del Principado de Asturias
Vivir una celebración con anorexia, es vivir con ansiedad rodeada de comida y comentarios inoportunos. ¿Cuándo se dará mayor visibilidad a este trastorno que necesita de comprensión, respeto y sensibilidad?
Me llamo Ainhoa y convivo con un trastorno de la conducta alimentaria desde que era adolescente. Empecé siendo muy joven, casi sin darme cuenta, y lo que al principio parecía una forma de control acabó convirtiéndose en una enfermedad que me arrebató la salud, la tranquilidad y gran parte de mi vida. Pasé años en tratamiento, incluso en un hospital de día, en un momento en el que mi cuerpo estaba extremadamente debilitado y mi mente dominada por el miedo a comer.
Durante mucho tiempo la relación con la comida fue dolorosa y llena de culpa. Vivía atrapada en conductas que ahora sé que no era yo quien decidía, sino el trastorno. Saltarme comidas, ingerir lo mínimo posible o recurrir a conductas compensatorias era una forma de sobrevivir emocionalmente, aunque me destruyera por dentro.
Las celebraciones siempre han sido especialmente difíciles para mí. Fechas que para otras personas significan alegría, unión y descanso, para mí se convertían en momentos de tensión constante. Reuniones familiares en las que la comida es el centro me hacían sentir ansiedad, rabia y una pérdida total de control. Sentía que no podía elegir, que estaba obligada a enfrentar situaciones que me desbordaban, mientras luchaba internamente contra una voz que me exigía restringir, esconderme o huir.
Sé que mi trastorno no apareció de la nada. Detrás había una autoexigencia extrema, una necesidad constante de hacerlo todo perfecto y una gran dificultad para gestionar lo que sentía. Poco a poco, la obsesión por el cuerpo y la alimentación fue ocupándolo todo, hasta que comer dejó de ser algo natural y se convirtió en una amenaza.
Por todo ello, pido comprensión y respeto. No todas las personas vivimos las celebraciones de la misma manera, y no siempre insistir, presionar o minimizar el problema ayuda. A veces, lo más importante es acompañar, escuchar y permitir que cada persona marque su propio ritmo.
También quiero lanzar un mensaje de esperanza. Recuperarse es posible. Con ayuda profesional y apoyo, se puede volver a empezar, reconstruirse y aprender a vivir de otra manera. No es un camino fácil, pero la curación existe y merece la pena.
Por último, pido por favor apoyo para esta reivindicación. Es fundamental que como sociedad demos visibilidad a los trastornos de la conducta alimentaria, que dejemos de normalizar el sufrimiento silencioso y que mostremos apoyo real a quienes lo padecen
Solo con respaldo social y conciencia colectiva lograremos que las instituciones tomen medidas, destinen más recursos, mejoren la prevención y garanticen una atención digna y accesible para todas las personas afectadas.