Pregunta de Clara González

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¿Cómo valoras la mezcla de explotador y filántropo de Amancio Ortega?

La fundación de Amancio Ortega, creador y máximo accionista del grupo Inditex , dona 320 millones de euros para que hospitales públicos de toda España puedan comprar más de 290 equipos de última generación para el diagnóstico y tratamiento radioterápico del cáncer.
Por otro lado sabemos que el mismo grupo explota trabajadores de todas las edades, menores entre ellos,  en otros países para sacar mayor margen de beneficio en las prendas que fabrica.
Esta mezcla  de explotador y filántropo, ¿Cómo lo valoras?.

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Rocío de Frutos Madrazo [PSOE]

03.05.2017

Reparto social de beneficios de la deslocalización no debe ser una voluntad individual.

Rocío de Frutos Madrazo

Rocío de Frutos Madrazo [PSOE]
03.05.2017

Reparto social de beneficios de la deslocalización no debe ser una voluntad individual.

Buenas tardes Clara, intentaré contestar a tu pregunta, mirando más allá del empresario al que te refieres, ya que las prácticas a las que haces referencia has sido el resultado de una forma de entender la actividad economica empresarial.

Sin querer quitar mérito a estas acciones individuales de donaciones y mecenazgos, defendibles, desde la óptica del  “menos es nada”, creo que el problema de los efectos de la deslocalización de las empresas, tanto los que producen en los países del tercer mundo, como en nuestro empleo; así como el relativo al reparto social de los beneficios derivados de estas prácticas, no es un tema que deba dejarse a la solidaridad individual, sino que exige una respuesta política contundente. Teniendo en cuenta además que las aportaciones en forma de donación, no resuelven uno de los principales problemas que han generado las grandes firmas con sus políticas de deslocalización, como es la explotación laboral.

Se han puesto de manifiesto, los efectos más perversos de la actividad económica de las grandes empresas, como son la ausencia de derechos, la explotación laboral de millones de personas, la lacra del trabajo infantil y hemos visto  la incapacidad de los Estados para hacer valer y cumplir los derechos humanos y laborales, así como para atajar la pérdida de empleo, en los países de origen de la empresa por el traslado de las mismas o de partes del proceso productivo a un lugar distinto de donde se situaba originalmente la empresa, en el denominado proceso de deslocalización y todo esto, no se resarce con acciones de donación individuales.

Así, la explotación en las fábricas donde se elaboran los productos que luego consumimos en Occidente es motivo de alarma para ONG’s, que denuncian constantemente la situación de esclavitud en la que se encuentran muchos operarios, trabajan hasta 20 horas al día, no tienen días de descanso, comen en quince minutos, duermen pocas horas hacinados en la propia fábrica, ganan menos de dos dólares al día, o incluso trabajan por un plato de comida, carecen de cualquier medida de prevención de riesgos y del más mínimo respeto a la dignidad humana: se cierran las ventanas y las puertas de las fábricas con barrotes, se agrede a los empleados y ha fomentado unos de los hechos más vergonzantes que es la generalización del trabajo infantil, los últimos datos publicados por la OIT hay 168 millones de niños trabajando, lo que les priva de su niñez y de su correcto desarrollo emocional, físico y mental y desgraciadamente empresas españolas están en el punto de mira por fomentar estas prácticas y actuar tan solo desde la perspectiva del máximo beneficio.

La otra cara negativa de la internacionalización de las empresas y que afecta de lleno a nuestros trabajadores es la facilidad con que se produce la deslocalización productiva, las empresas para maximizar los beneficios disminuyendo los costes, a base de conseguir en el país de destino, menor coste de mano de obra, mayores beneficios fiscales, menor coste del suelo industrial, así como legislaciones sociolaborales menos exigentes, tanto desde el punto de vista de la protección social, como de los derechos sindicales.

La deslocalización ha supuesto, por tanto y de forma grave, también para nuestros trabajadores desequilibrios y desigualdades, dentro del mercado de trabajo nacional, ha traído mayor precariedad, mayor inestabilidad, más desempleo y debilitamiento del poder sindical. Ha modificado nuestro sistema de relaciones laborales, por lo que no es un fenómeno que solo afecte a los países del tercer mundo, la globalización trata el trabajo como un factor económico, sin hacer caso de su connotación humana y social, hasta el punto de ver el derecho laboral y la acción sindical como obstáculos al desarrollo empresarial, es más los trabajadores ven debilitada su posición negociadora ante la amenaza de que si existen problemas para la empresa se traslada a otro lugar.

La experiencia de la industria española demuestra que se han destruido empresas y puestos de trabajo, mediante el simple procedimiento de extinción de relaciones laborales y transferencia a países dotados de abundante mano de obra, pues los procedimientos de deslocalización son simples y rápidos.

En el plano interno debemos ser capaces de potenciar un sistema de relaciones laborales que reafirme el carácter tuitivo y equilibrador, no supeditado solo a la situación económica, en el que se haga prevalecer la autonomía colectiva sobre la individual y la estabilidad laboral.

Tampoco existen mecanismos por los que los beneficios de las empresas españolas, que participan en estos procesos, reviertan de alguna forma y en parte en nuestra economía. Incluso en muchos casos las empresas han recibido de las administraciones públicas   subvenciones y otro tipo de ayudas para la realización de inversiones y fomento del empleo, y una vez recibidas han trasladado todo o parte de su proceso industrial a otros países.

Por lo tanto creo que los efectos de la deslocalización, tanto la explotación laboral, como la destrucción y precarización de nuestro empleo requiere un amplio abanico de medidas que no pueden depender de la “bondad individual”, que siempre es limitada y voluntaria, comparto contigo Clara una serie de medidas:

- Elaborar un Libro Blanco para la Cooperación al Desarrollo en el marco de la Unión Europea similar al que existe en otros países europeos en el que se priorice la lucha contra la pobreza y la promoción del desarrollo.
- Instar al reforzamiento de la acción normativa de la OIT, para asegurar a escala global unos estándares mínimos de condiciones de trabajo y reforzar las regulaciones internacionales de las relaciones de trabajo.
- Potenciar la implicación de los sindicatos y de los agentes sociales a través de una Ley de Participación Institucional en todos los aspectos relacionados con la dignidad del empleo.
- Crear etiquetados obligatorios que permitan conocer al consumidor el recorrido de un producto y que ayude a distinguir que un producto este libre de esclavitud infantil y de explotación laboral.
- Impulsar vía impuestos a las grandes empresas que una parte esencial de los recursos sea destinada a la lucha contra la pobreza internacional.
- Revisar la fiscalidad de las SICAV.
- Realizar las modificaciones legales oportunas con la finalidad de que las ayudas públicas o subvenciones concedidas a las empresas en relación a la investigación, la creación o el desarrollo de sus proyectos empresariales, sean devueltas en caso de que éstas decidan trasladar la producción a otro país, para evitar los efectos negativos de la deslocalización sobre el empleo. 
- Impulsar la inclusión de cláusulas sociales en los acuerdos internacionales de comercio, en la cual las partes se comprometan a respetar y a hacer respetar los derechos sociales y establecer medidas de resarcimiento en caso de vulneración de los mismos.
- Fomenta la implantación de códigos de buenas prácticas en los procesos de deslocalización.
- Revisar el despido por causas objetivas y el despido colectivo por causas económicas para evitar que empresas con beneficios extingan los contratos de sus trabajadores. 

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