El acoso escolar existe. Pedimos que se incorpore una figura ajena al centro que se ocupe exclusivamente de enfrentarlo.

555 personas la han apoyado
555 Apoyos

Mi nombre es Salud Alarcón y hoy hablo en nombre de la asociación Plántale Cara al Bullying, que fundé en 2018 para luchar contra esta lacra. Como muchas otras madres, he tenido que vivir en mis propias carnes las consecuencias que acarrea el acoso escolar. Mi hija llegó a decirme que no quería vivir, incluso dejó de comer. Necesitamos medidas reales, empezando por incorporar la figura de un coordinador ajeno al centro escolar que se ocupe exclusivamente de prevenir, identificar y actuar contra el mismo de manera inmediata. 

El acoso escolar es una de las primeras formas de violencia que los menores viven de forma directa. La puede sufrir cualquiera, no hay motivos que pueda predecirla y es progresiva y silenciosa. La sociedad olvida lo que padece una persona acosada y el tiempo que tarda en recuperarse. Toda la familia sufre. Mi hija presentaba una imagen negativa de sí misma, autodesprecio, somatización... En su colegio sufría agresiones, amenazas, hostigamiento, coacciones... y tras ello, otros problemas como el estrés postraumático, la ansiedad o la disminución de la autoestima.

Día tras día, sin saberlo, hay familias que mandan a sus hijos e hijas a un lugar en el que no se sienten protegidos. Muchas veces, debido al acoso online, las víctimas se sienten desprotegidas las 24 horas, estén donde estén. Todo esto hace que, poco a poco, su carácter cambie. Se sienten excluidos de una sociedad que les maltrata y no les ayuda.

¿Qué podemos esperar de ellos cuando crezcan? La mayoría supera esta etapa y la oculta porque no quiere acordarse de lo que ha tenido que soportar, pero otros no tienen tanta suerte, los hay que arrastran la pena, los traumas, el rencor… Incluso algunos no pueden soportarlo y deciden acabar con su vida, como fue el caso de Lucía, hija de Peligros Menarguez, una madre junto a la que luchamos desde la asociación.

Su hija, de tan solo 13 años, decidió acabar con su vida en 2017 tras sufrir acoso escolar. Ahora el mensaje que manda su madre es que no hay que acallar el dolor de las víctimas: “tanto si son víctimas como conocedores del acoso, que no se callen, porque eso les hará valientes e impedirá un mal mayor”.

Pedimos soluciones inmediatas para acabar con esto. Nada nos exime de la responsabilidad de aceptar la situación y reaccionar al respecto. Es cierto que con la nueva Ley se pretende implantar la figura de un “coordinador” del centro escolar. Sin embargo, este perfil no debería ser el de un profesor que ni tiene tiempo para dedicarse a ello, ni ha recibido la formación adecuada para abordar el tema. 

Deberíamos poder contar con una persona que sea ajena al centro escolar para que se realice un estudio de los casos lo más objetivo posible. No es normal que, a día de hoy, sean los propios directores los que tengan que determinar si se está produciendo el acoso. 

Todavía vemos que encontrar un caso de acoso escolar en un centro se percibe como un fracaso. Esperemos que llegue el día en el que se vea como un éxito, ya que ese será el momento en el que las víctimas podrán empezar a tener la oportunidad de ver cómo empieza el camino para solucionar su situación. 

Cuando enviamos a nuestros hijos e hijas al colegio, lo mínimo que esperamos es que el sistema esté preparado para prever los posibles problemas, que esté lo suficientemente formado para intervenir y solucionar estas situaciones en cuanto se detecten, y para hacer autocrítica de los fallos que han existido para poder aprender de ellos y lograr que no se repitan.

555 personas la han apoyado
555 Apoyos

o