Pregunta para Cortes de Aragón

Sufrí abuso sexual por parte de un familiar durante más de 10 años. ¿Por qué no dejamos de mirar hacia otro lado y tomamos medidas para proteger a los niños, niñas y adolescentes?

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Me llamo Amaranta, tengo 41 años y soy de Zaragoza pero vivo en Barcelona desde hace casi 15 años. Soy superviviente de abuso sexual infantil, algo que ocurre mucho más a menudo de lo que mucha gente piensa y, por muy duro que sea hablar de ello y por mucho que se silencie, esto no hará que deje de ocurrir.

Como ocurre en la gran mayoría de los casos, el abuso que sufrí fue por parte de una persona muy cercana, concretamente, mi abuelo materno. No tengo una fecha clara, pero sí tengo recuerdos de estos abusos desde que tengo uso de razón. Pasaba casi todos los fines de semana en una casa que tenían mis abuelos, y además en Zaragoza vivían en el mismo edificio que yo, por lo que no tenía escapatoria.

Estuve años intentando evitarlo siempre que podía: me escondía en el armario, debajo de la cama, volvía a casa más tarde para que no me encontrara, me hacía la dormida… Pero por desgracia no siempre podía salvarme. Estuve así hasta los 14 años, cuando me di cuenta de lo que estaba pasando realmente y le dije que no me volviera a tocar.

Al cabo de uno o dos años, decidí contárselo a mis padres y a mi tía. Todos se pusieron a llorar y me preguntaron por qué no lo había dicho antes. Fueron a hablar con mi abuelo y él dijo que era solo un juego, que estaba tergiversando las cosas y que me lo estaba inventando. Mi abuela, que siempre lo supo y nunca hizo nada para pararlo, me acusó de mentirosa y me culpó por intentar romper la familia.

Aunque mis padres me creyeron desde el primer momento, no me llegué a sentir apoyada ni protegida del todo. Por ejemplo, quería mudarme para no tener que cruzarme con aquella persona cada vez que entraba y salía de casa, pero nunca lo hicieron.

La situación se fue volviendo cada vez más insostenible: no me sentía apoyada por la familia, seguía viendo a mi abusador, no me sentía cómoda con mi sexualidad, en el colegio sacaba muy malas notas… Llegué al punto de no poder más e intenté quitarme la vida. Fueron años muy duros en los que tengo recuerdos difusos. Finalmente, mi abuelo falleció cuando yo tenía 22 años.

He ido a psiquiatras, psicólogos y sexólogos, y nunca he llegado a sentir que me ayudara del todo. Con esto no quiero decir que no sirvan, sino que cada superviviente debe encontrar su camino. En mi caso, algo que me abrió los ojos fue el primer libro de James Rhodes, Instrumental. Él puso las palabras que necesitaba para expresar lo que sentía. Con el tiempo, no es que lo haya superado, pero sí he aprendido a convivir con ello, y lo tengo muy presente a la hora de educar a mis hijos, que tienen 12, 10 y 6 años.

El abuso sexual infantil se puede abordar desde diferentes ámbitos, pero para mí el primordial es la prevención. Por eso quiero dirigirme a los miembros de las Cortes de Aragón, ya que es donde crecí, para que desde los colegios se forme tanto a alumnos como a padres y madres para que sepan prevenir o detectar a tiempo cualquier situación de abuso y saber cómo actuar al respecto.

Espero que mi testimonio pueda servir para concienciar un poco más sobre este tema tan tabú y tan silenciado, pero sobre todo para ayudar a otros supervivientes que lo tengan más reciente y estén buscando su camino.

260 personas la han apoyado
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